Purgandus libri: Dos lecturas para el 8 de marzo

¿Qué preferís, utopía o distopía (palabra, por cierto, que la ínclita y rancia RAE todavía no contempla)? ¿Susto o muerte? ¿Quién dijo que la ci-fi era cosa de hombres? ¿O que hacen falta tiroteos láser, humanoides con cabezas raras o hacer un cursillo sobre física cuántica para comprender un párrafo entero?

Estas dos novelas rompen con los estándares del género en todos los planos. En ellas la, para mi gusto, principal función de la ci-fi se coloca en un primer plano: la política-ficción. Repito: no la política de levantarte con resaca un domingo cada mil años y elegir la papeleta con el logo más chorrica, saludar al vecino que le ha tocado pringar en la mesa electoral y tomarse el vermut hablando de fútbol. La política de verdad, la impepinable necesidad de organizarnos como seres sociales que somos (para bien o para mal) y no dejar que otros de esos seres sociales (o sociópatas) lo hagan por nosotros.

También hacen protagonistas de la historia a los seres humanos que las pueblan y sus relaciones personales. “Pero” – me diréis – “eso lo hacen todas las narraciones, sean de este género o de otro”. Pues no, para nada. La ci-fi clásica siempre se ha interesado más por contar una ocurrencia chocante, alejada de nuestra experiencia personal o de lo posible en la actualidad. Y oiga, que esto está chachi y lo paso pipa con historias así de vez en cuando; pero si puedo elegir, elijo libros como los que comento en esta entrada. Podría decir que este tipo de obras son por las que mi género favorito de ayer y hoy es la ciencia ficción.

“¡¿Y esto qué tiene que ver con el rol, pesado!?”, es la airada queja. Bueno, aunque sea una forma de verlo muy indie y hipster, jugar a rol no deja de ser contar una historia, ya sea de sencillos pillajes y masacres, de gente súper atormentada con súper poderes que además da la casualidad que son vampiros, o de lo que se te pase por la quijotera y las reglas te permitan (o no). Pocos juegos se han atrevido a abrir el melón de la simulación política (se me ocurren un par de ellos solamente, Aria y Houses of the blooded), y si lo hacen (como ACKS o Pathfinder) es para usarlo como un recurso económico más, no como fuente de debate o fin en sí mismo. Vamos, que nos la suda un millón. Ojalá la lectura de libros como estos propiciara aventuras políticas con más enjundia.

TheDispossed(1stEdHardcover) Los desposeídos, The dispossessed en inglés, de Ursula K. Le Guin. ¿Cómo sería una sociedad anarquista de verdad, una que surja (como sospecho que siempre ocurriría) en oposición a una capitalista? Es una pregunta retórica, no me inundéis de comentarios (o sí): la abuela Ursula fantasea sobre la posibilidad. Y lo hace desde la perspectiva de Shevek, un convencido miembro de la sociedad Odónica de Anarres (la luna de Urras), un grupo humano organizado en base a ideas anarquistas. Por muy fan que sea Shevek de cómo se maneja el cotarro en Anarres, no puede dejar de advertir los fallos que lo plagan, uno de ellos el impedimento de poder concretar su teoría física en una herramienta práctica para acelerar los viajes espaciales. Así que echándole agallas, se autoexilia a Urras, la antítesis de Anarres en todos los sentidos (un mundo rico en recursos, regido por sociedades autoritarias y capitalistas en mayor o menor medida) para poder dar salida a sus estudios.

El choque para Shevek al llegar a Urras va desde un idioma radicalmente distinto al suyo (con conceptos gramaticales como posesión, que no existen en su idioma natal), dinámicas de desigualdad por sexo o riqueza (erradicadas en su mundo de origen), y derroche de los recursos naturales (Anarres es un mundo baldío, con poca agua y vegetación). Aunque el físico prófugo es un invitado de honor en una de las naciones de Urras, desde el principio se ve implicado en una red de intereses cruzados, facciones enfrentadas y gente con pocos escrúpulos. Incluso una persona crítica, con una mente científica y analítica como el protagonista se da cuenta rápidamente de lo que ha dejado atrás, de lo que ha sacrificado por dar cabida a su vocación.

La añoranza del físico al recordar su pasado desde su más tierna infancia y contraponerlo a la realidad que se encuentra en Urras es conmovedora, muy realista y muy plausible. Leyendo esta novela, hasta yo tuve morriña de que verdad existiese una sociedad así, incluso con sus fallos y todo (Shevek recuerda cómo hay gente inadaptada también en su mundo, cómo las mismas organizaciones que no deberían ser autoritarias a veces devienen en prácticas de esa índole si no hay una continua supervisión de toda la gente que forma parte de una sociedad, y que las enemistades e inquinas siguen vivas aunque la violencia haya sido casi erradicada).

TheHandmaidsTale(1stEd)

El cuento de la doncella, The handmaid’s tale en inglés, de Margaret Atwood. Del optimismo al más aciago pesimismo. Una sociedad ultra religiosa y castrense resultante de un golpe de estado en un ficticio y futuro Estados Unidos, donde las mujeres son tratadas como seres inferiores y bajo el mandato y capricho de los hombres (¡Epa! ¡Como está pasando ahora en España!). El relato en primera persona de Offred (literalmente, “of Fred”, “de Fred”, propiedad de Fred), una mujer que vivió la transición de una sociedad cada vez más violenta e inestable en una… pues en otra sociedad cada vez más violenta e inestable, claro. Ella, al ser joven y fértil, se ve destinada a una de las funciones que el nuevo estado religioso adjudica a las mujeres según su ideología, estado físico o incluso belleza: en su caso, ser una doncella, una especie de paridora oficial de un mandamás del régimen.

Es muy feo comparar, pero es al fin y al cabo en lo que me he metido al hablar de dos libros. Mientras que Le Guin escribe con un estilo fluido, a veces incluso espartano pero que consigue mostrar a la perfección lo que pretende comunicar, Atwood roza la lírica en su narración, y la recarga de sentimientos y sensaciones muy subjetivas, colocándonos a la fuerza en la cabeza de la protagonista, y logrando así que la sensación de claustrofobia, ira y rabia contenida, y profunda desesperanza supure por los cuatro costados del libro y haga necesario dejar de leer a menudo. Sí, en verdad pocas obras me han afectado tanto en este sentido: el agobio se hace casi palpable, se crea un denso nudo en la garganta. ¿Lo peor de todo? Que aunque la novela trate de una sociedad imaginaria, existen análogos hoy en día en mayor o menor grado similares a la república de Gilead… y no hace falta irse muy lejos, no.

Es también escalofriante la verosimilitud del relato, los brutales detalles del día a día de Offred y otras mujeres, forzadas (o algunas de ellas, por desgracia, con aquiescencia y apoyo al régimen) a vivir en una cárcel de invisibles barrotes. Hombres y mujeres zombificados, viviendo en un conformismo aterrador, y muy a menudo agentes de una rampante hipocresía que siempre es el resultado de la opresión y de una sociedad basada en las apariencias y la inflexible adherencia a una normas inhumanas y estúpidas. De nuevo, leído en otro contexto, podría describir partes de nuestro día a día…

Veredicto: “La revolución será feminista o no será”. Feliz día de la mujer.

2 comentarios

    • Admiro a Le Guin tanto en su vertiente fantástica como en la de ci-fi. Ha logrado dar la vuelta a dos géneros cargados de clichés, y en este caso creo que es algo que sólo una mujer podría haber hecho.
      ¡Gracias por la recomendación, un saludo!

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