Desclasado: Turismo rolero II

Plan 9 from outer space. Ay, no, Metrópolis. Ay, no (etc.)

Planeta prohibido. Ay, no, Metrópolis. Ay, no (etc.)

Siguiendo con esta irregular (por decir algo) serie de entradas que también se podría llamar “Roleros por el mundo” o alguna Telemadridada similar, hago una pequeña pausa en mis vacaciones físicas y mentales para destacar el nivelazo rolero de un país cercano y sujeto a millones de clichés (como el nuestro): Escocia.

Podría entrar a desgranar las virtudes mil del archiconocido país (más por películas y mitos chorras que por lo que realmente se merece), pero me voy a centrar en tres aspectos, dos relacionados con lo nuestro y otro que no.

– Se nota que llueve durante todo el rato. Y que hace frío. Y que se está mejor en casa o en un pub. Y luego, llega el invierno.
Incluso en las ciudades más pequeñas había al menos una tienda de juegos de mesa/rol y una Games Workshop; estas rudas pero amables gentes emplean mucho tiempo pimplando (y quién no), pero también roleando. En una tienda de juegos variados de Glasgow (Static Games) en la que todavía el rol es predominante (¡qué tiempos!), encontré una copia de Forces of Warmachine: Convergence of Cyriss tiradísima de precio.

¿Por qué desembolsar siquiera una libra esterlina en el tan atacado y vilipendiado suplemento? Porque soy muy fanboy de Privateer, y más de Warmachine. Lo conozco desde que nació, y le tengo cariño, aunque cometan semejantes cagadas. En defensa de este ejército, decir que el germen primario de esto ya estaba en la obra seminal de Iron Kingdoms (que permitió la existencia del juego de minis), Witchfire. Los aventureros se cruzan en dicha aventureros con un templo de Cyriss, y con el mismísimo padre Lucant (que hace una aparición estelar en el libro del que estoy hablando). Así que esta extraña salida de tiesto tiene su razón y su sentido, aunque transformarla en una facción jugable pueda ser discutible, o que la estética no pegue ni con cola con el resto de la ambientación (como ya pasó con los elfos de Scyrah). Matt Wilson, se nota todo que eres un nostálgico de películas como Metrópolis (la Directrix, una de las warcaster es calcadita a María) o Planeta prohibido (las tropas de asalto son como Robby), y en general la ciencia ficción de los ’50.

– Al final sí que es verdad lo de las mazmorras. Y que la edad media molaba. Bueno, molaba desde la comodidad del siglo XXI, claro. Edimburgo, si quitas su aspecto de parque temático, es una ciudad tremendamente evocadora con respecto a ambientaciones medievales, tanto por su maravillosa arquitectura (conserva una infinidad de edificios Victorianos y mucho más antiguos) como por su macabra y tétrica historia repleta de traiciones, batallas, torturas, condiciones de vida miserables, más traiciones, más torturas… por poner un pequeño ejemplo de su brutal y fascinante historia: al construir un puente, los habitantes decidieron que no iban a dejar ni un átomo de espacio sin usar, así que construyeron edificios pegados a este por ambos lados. De nuevo, para aprovechar los arcos que lo conformaba y que quedarían tapados por las nuevas construcciones, crearon cámaras subterráneas dentro de dichos arcos, que fueron empleadas para mil y un negocios ilícitos como tabernas ilegales, almacenamiento de cadáveres para ser vendidos, hogares para los desahuciados, etc. Según los entendidos, es de los lugares con mayor presencia sobrenatural del mundo.

– Sobre el incomprensible acento Escocés, una pequeña reflexión. Imaginaos una frase en su colorido Inglés local, con su tonillo y todo, y convertidla directamente al Castellano, conservando el tono y la inflexión. ¿No os suena totalmente a Caló?

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