En clase: Jungle speed

BASADO EN HECHOS REALES

Versión en proyecto I

Versión en proyecto I

En este último año y medio me ha maravillado contemplar la proliferación de experiencias jugonas y roleras en entornos educativos “clásicos” (es decir, escuelas e institutos), constatando el hecho de que son herramientas muy válidas (y poco o nada explotadas) y que los roleros españoles educadores hemos perdido la vergüenza a defenderlas.

Siguiendo el ejemplo de compañeros como Natxo y su blog 1d10 en la mochila (enlazo a un ejemplo de las numerosas entradas al respecto), Roberto Alhambra y su blog La alianza de los tres soles (o como colaborador en Bastión rolero), Xavi Socías y el club de rol Kritik (publicado en Bastión rolero: parte I, parte II) y Athal Bert en su Laboratorio friki, me he decidido a salir del armario y usarlos yo también en mis clases (perdonadme si me dejo a alguien, y por favor comunicádmelo, estoy altamente interesado en estas actividades).

Los juegos de mesa en las aulas no son algo nuevo. Si se echa un vistazo al aula media, se podrán ver en sus estantes verde hospital (horrible el mobiliario del ministerio de educación) juegos como el Trivial pursuit en sus múltiples encarnaciones, el ajedrez (por supuesto), variados juegos educativos (la mayoría aburridísimos), y un surtido interminable de parchises, ocas y damas. Mi experiencia docente me ha mostrado que suelen ser un recurso en días lluviosos o tiempos muertos, y muy pocas veces como herramientas pedagógicas (aunque el citado ajedrez sí he podido verlo como actividad didáctica muy bien planificada y de espectaculares resultados).

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Versión en proyecto II

Este curso, debido a ese místico y surrealista arte que es el completar horarios, me veo con una sesión a última hora del viernes con la etiqueta plástica. Sí, plástica, esa asignatura en la que lo mismo te enseñan a hacer macramé que a pintar al carboncillo una naturaleza muerta. Permitidme un breve aparte para comentar la sucesiva degradación de las artes en las escuelas, el increíble tiempo menguante que se le dedica en beneficio de, sobre todo, el inglés (aquí puedo ser crítico con bula papal, me dedico precisamente a ello) y otras mandangas; en particular, la última y malhadada ley educativa, tan centrada en convertir a la chavalería en buenos trabajadores, ha puesto contra las cuerdas a la educación artística. Se ha dejado en mano de los centros el decidir cuánto tiempo se emplea en esta importantísima área, aunque no hay mucho campo de acción.

Y aquí es donde, como decía al principio, alentado por realidades constatadas y documentadas me tiro a la piscina y decido incorporar los juegos de tablero como parte de la plástica. Jugarlos ya es en sí mismo (dependiendo, claro, de la selección de los mismos) una actividad con fines educativos (más sobre esto abajo), pero si además fabricamos los nuestros propios, se completa el requerimiento curricular.

Para las primeras sesiones (que supongo serán unas tres o cuatro), seleccioné Jungle speed. Lo sé, puede parecer una elección arriesgada (puesto que es muy competitivo), pero el grupo conejillo de indias es muy reducido (cuatro alumn@s), y su relación es inmejorable, poco dada a la competición. Los objetivos elegidos al planificar esta unidad didáctica han sido (yendo a lo sencillo y básico, no quiero aburriros):

Versión en proyecto III

Versión en proyecto III

– Dar a conocer y promover actividades de ocio alternativas (aunque son chavales de un entorno rural, hacen estragos las videoconsolas y la tele).

– Fomentar los juegos grupales (relacionado con lo anterior: además, lo tienen fácil para verse y quedar).

– Aprender a aceptar y gestionar la derrota (y más teniendo en cuenta lo que le pasa al que se equivoca o pierde un duelo en este juego).

– Conocer y aceptar las normas que rigen los juegos de mesa (no os descubro nada nuevo si os digo lo tramposos que suelen ser los más pequeños).

– Incrementar la rapidez mental mediante la identificación de colores/formas/patrones (los fabricantes de videojuegos lo llevan cacareando desde hace años, no vamos a ser menos los jugones).

– Planificar y realizar mediante materiales del entorno un juego de mesa (un punto importantísimo, que de paso alienta el decrecimiento del consumismo).

Hasta ahora, el alumnado ha diseñado varias cartas (los diseños, por supuesto, libres; dos de ellos han decidido crear uno para los dos) que después plastificaremos para prolongar su vida útil; han propuesto visitar a un carpintero local, que les obsequió con varios totems (los pintaremos y decoraremos); y una de las alumnas incluso ha inventado sus propias reglas, en forma de cartas especiales (como las de cambio a color y similares, pero con reglas más inesperadas y divertidas). Están muy motivad@s y sorprendidos por lo que puede dar de sí algo tan sencillo… y de hecho, ¡me sorprendieron cuando propusieron echar una partida de Los hombres lobo de Castronegro, juego que ya conocían!

Seguiré informando.

3 comentarios

  1. Sí que es maravilloso que se empiece a escuchar la frase “juego de rol” saliendo de boca de educadores y profes por igual… para los que no nos tienen que explicar los beneficios de esta forma de ocio, es algo obvio que te lo suelten… pero no deja de ser algo tremendamente positivo.

    Yo se lo escuché a una vieja conocida que un día hablando de su trabajo con los niños me lo soltó: “a ver… es un juego de rol, cómo te lo explico…” al final acabé explicándole yo, claro 😀

    En mi experiencia personal (que no profesional), e inspirado por varios de los blogs que mencionas, he dirigido una partida de rol para un chaval de 5 años, bastante inquieto él. Había tenido un mal día (su hermano ingresado en el hospital, su madre allí cuidándolo y su padre trabajando fuera) y sabía que tenía que tener la cabecita ocupada para no pasarlo peor, lloviendo A CHUZOS, nada de fútbol ni ir de excursión…

    Jugamos a “Aventuras en Barbaria!” un juego que nos inventamos. Dibujamos el mapa, con mogollón de sitios misteriosos, hicimos el personaje (tuvo que decidir si quería ser fuerte o sigiloso, etc.) que también tuvo su dibujo por supuesto… recortamos las cosas que quería llevar su aventurero (en una mochila de cartón recortada, el tenía que colocar los objetos que quería llevar, recortados en papel…) se inventó la historia… etc. Y luego jugamos claro: decorando la mazmorra, resolviendo acertijos, luchando con monstruos (¡Es un monstruo de fuego, le puedo tirar agua!) básicamente cuando había riesgo de aburrirse… ¡Había que hacer otra cosa nueva y chula! xD

    Y bueno, se hizo la magia. De repente, sonó el timbre, sus padres venían a buscarle. Al final el berrinche no fue porque se acordase de su hermano enfermo o porque no podía ir a jugar a fútbol lloviendo así ¡Al final fue porque ya se tenía que ir y no había encontrado el tesoro!

    Bravo por los profes que tenéis inquietudes y que motiváis a los chavales.

    • Muy cierto, el juego de rol como actividad o dinámica social se lleva usando desde hace años en las aulas. Esa versión es más encorsetada y limitada que la que nosotros, los roleros, queremos introducir en las clases, pero es un comienzo.

      Macho, pues tienes mucho mérito; es una edad complicada en la que la mayoría de los críos no pueden fijar su atención más allá de un rato. Te puedes sentir orgulloso, muy en serio te lo digo.

      ¡Un saludo!

      • Bueno, costó lo suyo, sobre todo al principio… pero cuando empezó a ver los dibujos de monstruos, miniaturas, los muebles de las mazmorras… que si música de fondo… estaba boquiabierto y su interés no dejaba de crecer. Jugamos casi dos horitas y eso, siempre cambiando de actividad (recortar, dibujar, etc) para como tú dices mantener su atención… pero bueno es una joya de chaval en ese sentido, es nervioso, pero le encanta contar historias. Vamos que sabía de antemano que le iba a gustar… ya le había allanado el terreno con el “Érase una vez” ^^

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