Clases: El clérigo

A todos los seres humanos en general y a los estadounidenses en particular les gusta clasificar. Algunos se vuelven lóquer, como Linneo o Darwin y te intentan taxonomizar todo bicho viviente (nunca mejor dicho), y otros son más humildes y sencillamente te acotan un poquino los arquetipos a elegir al jugar al rol.

Partiendo del hecho de que era su juego (digo era, porque tristemente los dos popes de d&d la han palmado) y retozaban con él cuando querían, si nos atenemos a las billones de entrevistas y artículos que se han escrito sobre este tema, el clérigo sobra del juego bastante.

Un clérigo de la 4ª edición o así: ¿a quién llamas curandero?

Un clérigo de la 4ª edición o así: ¿a quién llamas curandero?

¿Cómo apoyo tan sorprendente y rompedora opinión? Gygax, a quien casi no le gustaba abundarse al hablar sobre los orígenes de su vástago, afirmó por activa y por pasiva que el sustrato sobre el que se basaba era la literatura y el cine de espada, brujería, ciencia ficción y todo lo que queda en medio de ellos y sus posibles combinaciones. Y, mira, todo el famoso apéndice N (solo llevo dos entradas y ya lo he mencionado dos veces) no me he leído, pero sí lo suficiente para no encontrar ni un solo personaje o villano o secundario que encaje o encarne al clérigo tal y como lo presentaron en su famosa primera versión.

Vale, alguien habrá que sepa más que yo o que haya leído más que yo (y que seguramente no tenga novia), que argüirá: “Gygax se basó en el Van Helsing del Drácula de la Hammer”. ¿Habéis visto dicha película o serie de películas? ¿Habéis presenciado cómo Van Helsing echa un curar heridas leves? ¿O un crear comida y bebida?

ehhh... ¡Martillo espiritual!

ehhh… ¡Martillo espiritual!

¿Cuál es mi teoría, entonces? Tengo no una, si no dos. Un dos por uno, vamos.

– La teoría del metajuego. Reúnes a unos barbudos con los que juegas a batallitas con miniaturas y les dices: “os voy a enseñar algo nuevo”. Bromas fáciles más tarde, les explicas los rudimentos del rol, empiezas a dirigirles las cuevas del caos o el fuerte en las tierras fronterizas o lo que sea, y después de que se hagan por quinta vez personajes nuevos te das cuenta de que necesitas un mecanismo dentro del juego que te permita alargar la vida útil de éstos, porque no duran ni un suspiro. ¡Tachán!: Clérigo.

Soy servidor de un dios de la curación y la luz... por eso voy armado hasta los dientes y acorazado...

Soy servidor de un dios de la curación y la luz… por eso voy armado hasta los dientes y acorazado…

– La teoría del monaguillo. Católicos con poco sentido del humor, abstenerse. Gygax fue monaguillo de pequeño y le cogió cariño a su párroco (si imagináis cosas raras, es vuestro problema, no el mío). Leía la biblia, donde es cierto que JC curaba a la peña, Moisés creaba agua y comida, y Noé expulsó a varios zombis (pudo pasar, otra cuestión es que no lo escribieran). ¡Tachán!: Clérigo.

El clérigo de Gygax, ayudando al ladrón a... ¿robar al mago? ¿Meterle mano?

El clérigo de Gygax, ayudando al ladrón a… ¿robar al mago? ¿Meterle mano?

Yo, por mi parte, haría como propone el autor de Crawl!, un fanzine para Dungeon Crawl Classics RPG del que hablaré en otra entrada, y eliminaría al santón del juego. Espada y brujería; no espada, brujería y catequesis, por favor.

5 comentarios

  1. Madre mía, anticlerical hasta en el D&D. Hereje, vas a arder. ¿Y sabes quién te va a quemar? Sí, mi clérigo. Puede que el error del clérigo, lo que encuentras tan anticlimático, sea la percepción judeocristiana de la religión. Sin embargo, al estar hablando de mundos de fantasía te puedes imaginar la teología como se te cante, y más cuando entran en juego el politeísmo. Estoy seguro de que un sacerdote de Marte sabía hacer algunas cosillas con una espada. Para mí, lo más cantoso del clérigo en D&D es que nunca le he visto oficiar un rito: ni un bautizo, ni una boda, ni un entierro… eso sí que se me hace raro.

    • Fíjate que lo que más me molesta no es el origen judeocristiano, si no que no concuerda con el supuesto origen o inspiración del juego. Además, tienes razón, con los años las ambientaciones dungeoniles le han alejado de ese estereotipo primario.

  2. Pingback: Clases: El mago « Siempre ha habido clases

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