Rol y política: Ursula K. Le Guin

Governator vuelve como Conan…

Que alguien me explique qué pasa en California, por favor. Un terruño capaz de alentar el nacimiento del hippismo, la música surf y autores de la talla de la que comento en esta entrada, y que al mismo tiempo elije dos veces al fachilla de medio pelo que es Arnold apellido-impronunciable-inescribible, ese señor que tanto ha hecho por la fantasía y la ciencia-ficción.

Pero bueno, a lo que iba. Por mucho que occidente se vanaglorie de ser lo más de lo más en cuanto a civilizaciones, al final no deja de ser tan rancia y machista como cualquier otra del pasado o del presente. Buena muestra de ello es que hay que esforzarse para encontrar a una autora de ci-fi o fantasía (de juegos de rol ni hablo, que me dan ganas de llorar). Y sí, amigos, sí que hay una gran presencia del sexo femenino en dichos géneros literarios, pero se les ha relegado a un segundo o tercer plano. Con echar un vistazo a los prestigiosos premios Nébula o Hugo basta para comprobarlo.

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Ursula: la abuela que todos querríamos tener

Sinceramente, he leído mucha más ci-fi que fantasía; lo siento mucho, pero la literatura fantástica tiende a la vertiente épica, lo cual a mí me parece un coñazo. La ci-fi explora temáticas mucho mas interesantes y cercanas a la antropología, la filosofía, el transhumanismo… incluso la física, oye. Yo, de hecho, encontré a Le Guin a través de una de sus novelas más famosas, La mano izquierda de la oscuridad (que sí que le reportó ganar los premios arriba citados). He de admitir que al principio me dejó bastante picuet: ¿una historia de ci-fi no centrada en la tecnología, en personajes varoniles e intrépidos, en mamarrachadas tecnológicas con poco fundamento científico? Y es que esta obra aborda temas más maduros e interesantes que la novela tipo del género: identidad sexual, choque cultural, amistad pese a todo, antropología. Para alienígenas improbables, rayos láser y guerra a troche y moche ya tenemos bodrios como Starship troopers.

La mano izquierda de la oscuridad pertenece a un grupo de libros que comparten un universo o contexto en el que la especie humana se ha desparramado por el universo (cómo no) como si de chapapote se tratara. Cientos de miles de años después, una organización (el Akumen) trata de poner en contacto a las culturas y razas que han surgido a raíz de esta diáspora y montar una especia de club de la humanidad. Qué bonito. Coñas a parte, las civilizaciones, culturas y razas que muestra Le Guin son un amplio abanico de posibilidades, como en la novela Los desposeídos, que trata sobre dos sociedades muy próximas pero que han evolucionado en direcciones radicalmente opuestas – una es una utopía socialista, la otra… pues no.

Mi sorpresa fue aún más grande cuando, a través de estos pedazo de libros, llegué a Un mago de Terramar. Ahí, pequeños míos, es cuando recuperé la fe en la literatura fantástica. Y es que el pequeño libro que inició la serie del mismo nombre concentra todas las virtudes que adornan la bibliografía de esta buena señora….

Cómo convertir el oro en mierda: Terramar, la (patética) serie

Un mago de Terramar cuenta la historia de un aprendiz de mago (sí, Ursula ya comentó en su tiempo las similitudes de Harry Potter con su personaje) que, aunque destinado a ser el más poderoso del mundo que le ha visto nacer, es humano y como tal su aprendizaje y evolución en los senderos de la magia están teñidos por sus emociones, sus impulsos, sus decisiones. No lo quiero destripar porque de verdad hay que leérselo, pero simplemente diré que el pobre Gavilán (qué se le va a hacer, algo malo tenía que tener la novela) la caga a base de bien en sus comienzos estudiantiles, y que tiene que aprender a desfacer ese entuerto y a cómo vivir con ello el resto de su vida. La serie continúa en cinco libros y otros dos recopilatorios de relatos. A lo que decía anteriormente sobre los puntos fuertes de Le Guin al escribir ci-fi, aquí tengo que añadir lo original de su explicación sobre la magia en su mundo imaginado… cómo funciona, de dónde surge, lo que hace a la gente que la maneja, y a los que están alrededor. Sus personajes son todos humanos (por cierto, los protas son negros… ahí, ahí, blackxploitation), con todo lo que ello supone; nada encontramos aquí de batallitas heroicas, diálogos tontorrones, magia de videojuego, personajes bidimensionales. Las naciones y sus habitantes son plausibles, las historias que se cuentan suenan cercanas pero emocionantes. Y eso que, en teoría, es una novela para adolescentes.

Cómo no, productores aguilillas se fijaron en las novelas. Las adaptaciones televisiva y cinemática han sido un desastre del copón; la propia Ursula expresó su descontento.

En cuanto a nuestro gremio, conozco al menos un juego de rol inspirado y basado en las andanzas de Gavilán (están permitidas gracietas sobre culebrones) y el mundo de Terramar, llamado Archipelago. Va por su tercera edición, y en esta última encarnación ha colaborado el alabado Jason Morningstar. Pero el juego original, que conste, es de un Noruego (Matthijs Holter) y es Rol Libre. Aviso que es muy indie – a mí me ha recordado poderosamente a Polaris.

Los currantes chicos de conBarba tradujeron la segunda edición de dicho juego, y lo llamaron Archipiélago. Es, por supuesto, Libre, y como todo lo que ha hecho esta editorial, es una maravilla.

En cuanto a la abuelita Ursula: continúa escribiendo, e incluso mantiene un blog, a sus ochenta y tantos añazos. Olé. Lo que no me extraña nada es que viva en Oregon. Visto lo visto es lo que teníamos que haber hecho los madrileños de bien en cuanto la harpía peliteñida posó sus garras en la presidencia, haber emigrado. A Canadá, por ejemplo.

3 comentarios

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  2. Tengo una pregunta para ud.: ¿Como catalogaría a los libros de J.K. Rowling? ¿De fantasia? Quizá no sea tan difícil encontrar a una mujer que se dedique a este género y desde luego a ésta le va “bastante” bien, aunque yo no me he leído ningún libro de Harry Poter, ¡lo mismo son un bodrio!

  3. Tengo una respuesta para vd.: aventuras de internado para señoritas + Terramar. Mujeres escritoras de todos los géneros haylas, pero por puro machismo o educación no llegan a una décima parte de la cantidad total. Lo digo a ojo y si ningún rigor, por supuesto.

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