Purgandus libri: Spears of the dawn

La blacksploitation nunca ha sido más dulce

Echando más leña al fuego. Aunque es triste que sea noticia, así es la actualidad rolera: un proyecto de mecenazgo es cumplido un mes antes de la fecha prometida. Repique de campanas, solo de guitarra eléctrica, aullidos de lobos, bocina de barco, risas del conde Draco. Es un tema que ya hiede, pero es innegable que aquí ni Quetzalcóatl cumple las fechas de entrega en este tipo de iniciativas.

Unas entradas atrás alabé las obras de Kevin Crawford, hombre orquesta de Sine Nomine Publishing, así que no voy a volver a hacerle la pelota (aunque se lo merezca). Hace unos cinco meses Kevin puso en marcha su primer proyecto financiado mediante mecenazgo, un juego de rol sobre mitología y fantasía Africana llamado Spears of the dawn. Por si no te parece suficientemente cool el concepto y poéticamente justo, Kevin además prometió que todas las ilustraciones contenidas en el libro pasarían a ser de dominio público. Ni estatua de Gygax ni gaitas, yo se la pondría al señor Crawford.

¿De dónde creíais que venían los Yuan-ti? ¿Del gélido norte?

Al poco de iniciar la campaña de financiación, Kevin distribuyó un versión beta del juego (faltaban dibujos, pero el manual estaba íntegro) para deleite de los patrocinadores (y para ayudarle a encontrar erratas, que no todo van a ser elogios). Nueva acción que le acerca a la beatificación: aunque no con estas palabras, dio el visto bueno a que se difundiera a lo ancho y largo de la afición. Sí, sí, regaló su libro. Como comentaba en mi entrada sobre mecenazgo, este buen hombre debió darse cuenta de que ya que el libro estaba financiado y él tenía la pasta para pagar a los artistas y a la imprenta, para qué ser un puto buitre. Ojalá tomaran nota muchos otros, oiga.

Spears of the dawn usa el sistema de Stars without number y Other dust, una adaptación personal de D&D. Sencillo, elegante, rápido. Plantea nuevas clases de personaje basadas en la ambientación, y se deshace de la magia Vanciana. Los conjuros, incluso para mí que soy un total desconocedor de la cultura Africana (aunque como lector y jugador de rol algo he leído), rebosan personalidad y se apartan por completo de los entándares del genero. El bestiario sigue la misma estela, y el entorno de campaña por defecto nos muestra un mundo muy al estilo de la literatura fantástica clásica: hubo una época dorada de paz y unión, pero una amenaza (interior, esta vez) acabó con todo. El mundo es un sitio peligroso y fragmentado, y el mal que causó la caída sigue acechando; solamente los protas, los lanzas del amanecer del título, evitan que todo se vaya al carajo. Qué responsabilidad, chica.

Los aventureros Africanos también la palman en mazmorras

Como los anteriores trabajos de míster Crawford, este pequeño manual (180 páginas) alberga una impresionante sucesión de herramientas para crear una pedazo de campaña sandbox, siendo de nuevo una declaración de amor hacia este tipo de juego. Lo voy a repetir, porque parece increíble pero no lo es: en ciento ochenta páginas (las cubiertas casi no pueden contener la avalancha de material) tienes un sistema de juego, una ambientación, magia, un bestiario, más tablas que en una cocina y hasta mapas. Échale guindas al pavo.

Solo echo algo en falta (puestos a pedir) y eso es una aventura introductoria, pero no temáis: ya tiene una casi terminada. Como bonus por haber superado la cantidad propuesta, Kevin está adaptando una aventurilla que creó para otro proyecto. Y es que va a emplear ese superávit en pagar nuevas ilustraciones para dicho módulo… quiero este hombre de presidente de estado, joder.

Veredicto: Ya era hora de hacer un poco justicia al legado Africano, hostia. Que a parte de un suplemento de Vampiro, poco más recuerdo sobre el mundo negro. Somos racistas hasta para esto…

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