Retrospecter: Krull

El Glaive: lo mismo te sirve para exterminar bestias alienígenas que para hacer los efectos de luz de una discoteca

No tengo ni idea de por qué, pero el género de fantasía-ficción nunca ha calado en las sensibilidades occidentales; me refiero al mainstream, claro, en el mundo de la serie B y Z abundan las películas que te mezclan naves espaciales y señores lanzando bolas de fuego, y el mundo oriental (el Coreano en particular) no tiene tampoco ningún tipo de problema.

(Por cierto, ¿os habéis dado cuenta que ahora el Inglés es el idioma del pedantismo? Antes para parecer cultivado soltabas latinajos, ahora soltamos anglicismos…)

Hace poco tuve la oportunidad de visionar este pedazo de película, que realmente me impresionó mucho cuando era un tierno infante. Yo no recuerdo nada similar a este producto; algunos dirán que Star Wars también mezcla churras con merinas, pero el componente ci-fi pesa más que el fantástico.

El argumento es simple como el mecanismo de un botijo: un villano intergaláctico (la Bestia) que se dedica a invadir y conquistar mundos llega a Krull con intenciones poco amistosas. Su castillo-roca-nave intergaláctica viene cargadita de temibles slayers (asesinos), cuyo nombre indica su pasatiempo favorito. Además, la fortaleza de la Bestia tiene la curiosa cualidad de cambiar de sitio al romper el alba, cada día. Como comentaba Sandro, con quien tuve la suerte de visionar esta delirante peli, es una buena manera de ahorrarse el IBI.

Te invito a mi fortaleza; tráete el GPS

Aunque nunca se explica cómo, los dos reinos más importantes del planeta saben de la llegada del temible ejército, y deciden hacer las paces casando a los primogénitos de ambas familias reales. Qué bien, oye, que aunque obligados, los dos prometidos se enamoren a primera vista. Literalmente, no les da tiempo ni a cruzar dos frases antes de que un destacamento de slayers, cabreados por no haber sido invitados al sarao, mate hasta al apuntador y se lleve a la princesita (cómo no, las mujeres en los 80 o eran putas o las damiselas en apuros a salvar).

El pan sin sal del príncipe, que en ningún momento de la peli parece que se esté tomando en serio el cotarro, parte pues al rescate de su reina, pienso yo que más por el calentón con el que se ha quedado que por otra cosa (qué putada, dejarle sin noche de bodas).

Para este viaje no hacían falta estas alforjas. Ni estos pesados.

Lo que sigue es el típico viaje del héroe, al que se suman toda una galería de personajes y personajillos a cada cual más bizarro y en algunas ocasiones ridículo (muy al estilo del Mago de Oz, la verdad), como el pesado de Ergo, supuestamente un mago que ni maguea ni hace nada más que intentar ser el contrapunto gracioso del grupo (una especie de Jar Jar Binks tocapelotas). Por ahí andan también un taciturno cíclope (el salao de la Bestia les otorgó una limitada presciencia a cambio del otro ojo… ¿qué haría con tanto ojo? ¿Un collar?), una banda de salteadores a lo Robin Hood (incluyendo a un joven y desconocido Liam Neeson), un señor mayor que nunca llegamos a saber quién diablos es pero que se dedica a cortar el bacalao durante todo el film, y el aprendiz de un vidente que se queda seco (en los 80 siempre había por lo menos un niño en todas las producciones).

No hace falta que cuente el final, ¿a que no? Aunque pocos salen ilesos de la estrambótica aventura, al final el principito rescata a la princesita, se cepillan a la Bestia con la fuerza de su amor (!¡) y por fin tienen su noche de bodas.

Este simpático film es de 1983, y su director es Peter Yates, que seguro no le sonará ni a Ahura Mazda, pero es el señor que dirigió Bullit. Ahí queda eso; me marco un peliculón de cine negro y luego ruedo este circo. Las vueltas que da la vida, oye.

Viendo esta entretenida peliculilla de sobremesa me pregunté por qué en el mundo del rol no ha triunfado más la fantasía ficción. Ya sé que en sus orígenes hubo intentos, como Expedition to the barrier peaks, donde un grupo de aventureros medievales se colaba en un platillo volante, y todo lo bizarro que ocurría allí. Si no conocéis la aventura de D&D, echadle un vistazo y partíos la caja. También es cierto que en el reciente Pathfinder, su ambientación mezcla sin tapujos elementos fantásticos y de ciencia ficción.

Una cosa es verdad: a veces, como dicen los Ingleses, menos es más.

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