Purgandus libri: Doom of the savage kings

¿Un desangrador de Khorne? Nooo, un sabueso diabólico. O sea, que sí

Hay dos características que hasta ahora han definido la línea de publicación del juego Dungeon Crawl Classics: las portadas y cartografía de Doug Kovacs (le van a quemar, aviso, le van a quemar) y el ritmo de publicación (a lo sumo, un modulillo al mes). En contraste a otras compañías, que hubieran exprimido el fenómeno hasta lo insólito, en detrimento de la calidad visual y de contenido, la política de Goodman Games se mantiene firme: poco pero bueno.

Pegadito como una lapa venía esta aventura al libro básico (bueno, “básico” por traducir “core” de alguna forma, porque el manual de DCC es sin duda el tocho mejor aprovechado que he visto en mi vida). Fue un detallazo para la gente que hizo el prepedido del juego, un indicativo de lo que iba a suponer la línea mensual para el nuevo sistema. El básico ofrece un par de mini-aventuras, una para una turba de nivel cero (ideal para empezar y hacer el embudo, como propone Goodman) y otra para semi-dioses, es decir, personajes de nivel 5. Muy adecuado, pues, que Doom of the savage kings esté orientada al primer nivel.

Que me perdone el fundador de la compañía, pero de todos los que tengo (y por ahora son todos, obsesivo que es uno), los mejores módulos son los de Harley Stroh. Este buen hombre ha hallado el equilibrio perfecto entre old school y jugabilidad, con PNJs/monstruos novedosos, trampas mortales pero divertidas, dungeons de andar por casa (lo siento, no trago los megadungeons), y prosa digna de los clásicos del género (muy a lo Robert E. Howard). Eso sí, los “ganchos” son muy, muy básicos. Pero claro, hablamos de aventuras con vocación de serial pulp – los personajes caen en ellas muy a su pesar, quieran o no. Que busque el esforzado máster la excusa (yo, en mi caso, ni la busco) si lo que quiere es integrarlas en una campaña.

Me temo que no se llega a Hirot justo en las fiestas patronales, no…

 Con un comienzo classic (haciendo honor al nombre del juego), en el que los personajes “pasan por allí” y se topan con el problema, este episodio difiere de lo que normalmente ofrece la serie. Digo esto porque para encontrar la solución al sarao que aflige al pueblo de Hirot hay que darse unos garbeos, preguntar, investigar, y quizá colarse en alguna que otra ruina (¿Spoiler? No, hombre, ruinas en un juego de rol de fantasía son un requisito en toda aventura). Una mini sandbox, la verdad. Pero no os acostumbréis, majos.

Los títulos de la colección suelen plantear situaciones en las que nunca prima la fuerza bruta (pero sí, tranquilos, que se pueden resolver también así), que suponen elecciones difíciles y en las que la estupidez se paga de la manera que a todos los másters nos encanta: con una muerte dolorosa y a menudo vergonzosa. La ambigüedad moral (porque el sistema de alineamientos del juego evita la dualidad bueno/malo tan simplista) está a la orden del día, pero lo que me invita a seguir adquiriendo estos productos es que al leerlos vuelve la frescura de cuando se empieza en este hobby. De verdad, esta gente ha logrado con su juego una reinvención de los clichés fantásticos como a los auténticos autores de Espada&Brujería les habría gustado. No puedo sino recordaros que este sistema enfatiza los aspectos más misteriosos e inhumanos de la magia, las peleas a espada emocionantes y llenas de florituras, las criaturas misteriosas e impredecibles y los dioses y patrones sobrenaturales más caprichosos y alienígenas.

Veredicto: Así que esto es lo que podéis encontrar en Doom of the savage kings: sacrificios humanos, tumbas de reyes salvajes, traiciones a tutiplén, una bruja con sorpresa, un malo de final de fase con truco, y una aldea, por supuesto, en apuros. Y todo esto gratis. Claro que, si no compraste el juego al principio del todo, va a ser complicado conseguirla. Espero que la ofrezcan en algún momento del futuro en una reedición, porque si no me equivoco (y esto me suele pasar mucho… equivocarme, digo) se va a convertir en un todo un clásico. Un clásico del mazmorreo.

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