Rol y política: Miniaturas, esos pequeños objetos de deseo

Tú ríete de los catódicos, que te montan un ejército de Warhammer con Santi matamoros de comandante

Como si se tratara de un católico, aquellos con esas vidas repletas de contradicciones y tan poco rigurosas con sus preceptos, así me siento yo al abordar el tema que hoy me ocupa: con sentimientos enfrentados. Por un lado, me domina una compulsión materialista que me impele a comprar miles y miles de los diminutas esculturas (es curioso que esa misma fuerza me impida pintar con regularidad alguna, con lo cual al final lo que acumulo es plomo de curiosas formas); por el otro, soy totalmente consciente de lo absurdo que es cosificar o delimitar la imaginación, concentrándola en efigies fantásticas.

Más cejas se han enarcado y más comentarios jocosos he oído sobre mi afición a las miniaturas que a la de los juegos de rol; supongo que los horrores de Lladró, los proboscidios de tiesa trompa (ya símbolos de republicanismo, muy a su pesar) o las figuritas de santos y cristos sangrientos no generan la mismas chanzas… incluso en tiendas del ramo he tenido que aguantar jocosas ocurrencias sobre lo infantil de un ejército de cochinos jabalíes antropomórficos, cuando he visto miles de veces al orondo dependiente montar y pintar cagarrutinas napoleónicas de escasos milímetros. Pajas ajenas y vigas propias.

“El templo en el bosque tiene forma de… bueno, ¡esperad, que lo tengo aquí casualmente!”

Pero lo que yo proponía era ofrecer alternativas al enorme dispendio que supone intentar amasar una colección mínima de miniaturas con el objetivo de emplearlas en partidas de juegos de rol (normalmente de temática fantástica, que es el palo que más he tocado). Juegos como la nueva edición del Iron Kingdoms o la cuarta del omnipresente D&D directamente te exigen jugar con mapas cuadriculados y algún tipo de miniatura o ficha, y se ha extendido la moda de representar las batallas con dichos elementos incluso en otros sistemas. Sería una estupidez que me quejara de esta realidad arguyendo que es una moda actual; la mismísima madre del cordero, el D&D original, decía bajo su título: “…para ser jugado con papel, lápiz y miniaturas”, ya que su directo antecesor era un sistema de batallas para minis fantásticas, el Chainmail (no confundir con la fiesta bikini chainmail, estimados trolls). A mí, como a todo hijo de vecino, me encantan los muñequitos, como los llama mi madre, y sospecho que en mi caso y en el de muchos otros es un reflejo de una inmadurez a la que me aferro con uñas y dientes, extensión de la niñez. Lo que me preocupa, como apuntaba más arriba, es que lo estemos convirtiendo en condición sine qua non para echar una pachanga, y que los nuevos roleros se puedan sentir limitados o forzados. Años y años he exprimido decenas de juegos con solo una hoja grasienta (por las patatas fritas) y algunos lápices.

Puestos a usarlas empezaría por lo más cutre, pero accesible y resultón. Yo busco imágenes del bicharraco o personaje a representar y las edito con el Gimp, un programa libre de edición de imágenes, con el cual puedo recortar, escalar y voltearla para elaborar una mini por las dos caras. De esta forma he simulado minis en papel de todo pelo y marca; en la página de Reaper, por ejemplo, hay una función para buscar el personaje que deseas, con múltiples filtros (con qué tipo de armas, qué raza, si lleva bikini de cota de malla…). Muchas de sus imágenes son de minis pintadas, ofrecidas libremente y a escala, oiga. Y si te molan, considera comprar alguna, son una ganga. En la misma línea, los mapas de batalla, con escenas costumbristas de la vida de un aventurero (ora corredores de un dungeon, ora campamento en el bosque) son bien fáciles de encontrar en la interné, como por ejemplo en la valiosa página de recursos de Archiroleros.

Orcos verdes con cara de cerdo: Albión, te perdono la armada invencible

Lo sé, soy un tirado y un perroflauta del rol, pero tengo mis momentos pijos. Es por esto que puedo recomendar otras opciones. Por ejemplo, por mucho que Paizo me parezca el mal encarnado junto con Wizards, tienen una línea de minis de papel más majas que las pesetas – yo he comprado y usado la de los habitantes de Sandpoint, de la famosa campaña de Rise of the runelords, para representar a los piltrafillas de nivel cero del Clásicos del Mazmorreo (Dungeon Crawl Classics en Sajón). También de Paizo es la impresionante Pathfinder Beginner Box, que incluso aunque no te guste el juego, por 35 dólares (yo la encontré medio tirada de precio en The Book depository) tienes un mogollón de fichas de cartón, un mapa reusable, y dados; y una línea completa de fichas de cartón, una opción barata y muy pintona.

Aún queda, claro está, la opción premium, la clase business, el caviar del mundillo de las minis: productos como los moldes para escenografía de la compañía Hirst (echa un vistazo a su galería aquí), con los cuales se pueden crear componentes para dungeons, castillos, casas… y hacer palidecer de envidia a los forofos de los belenes; los recortables de Fat Dragon, una versión más fácil de la anterior pero muy aparente en papel o cartulina; y minis de plomo o plástico para pintar, malditos vagos, como las de Otherworld, con un toque retro y una calidad destacables, y que además son de Gran Bretaña, que está a la vuelta de la esquina. Pero claro, si tienes dinero como para tirar a la basura, las prepintadas de las chorrocientas colecciones de Wizards son la opción para el indolente o el que tiene dos pulgares izquierdos (o derechos). En esta línea, ya puestos, os recomiendo las del Dungeon command, que por el mismo precio te ofrece un puñado de cachos de plástico más o menos apañados y un juego de batallicas de miniaturas que se aprende a jugar en menos tiempo del que empleas en abrir la caja y destroquelar los componentes. Mi única objeción: vienen de China, donde sabemos que los derechos laborales son peores que en España (y ya es decir), los métodos de fabricación son muy respetuosos con el medio ambiente de Marte, y traerlas a Europa supone un paseo de la mini en cuestión que ríete tú del de Frodo a Mordor.

Hablando en serio: como consumidores también podemos moldear un mundo más justo, equitativo, social. Y un pequeño apunte para un futuro muy entre Cyberpunk y Star trek: las impresoras 3D. No he investigado el tema de minis, pero sí que sé de buena tinta que ya hay miles de patrones para imprimir objetos de toda índole…en breve, con solo un poco de esfuerzo si se es creativo y se aprende a usar un programa de diseño o con la ayuda de un alma caritativa que cuelgue los suyos, minis en tu casa y a la carta. Pero pintarlas no te lo quita ni Jehová.

3 comentarios

  1. Muy buena reflexión, mi querido José. Si bien es cierto que las miniaturas a veces se manejan como “innecesarias” para las partidas roleras, siempre es del agrado de todos el poder representar a ese guerrero tan bien entrenado o al ocurrente mago y sus conjuros.

    También es sabido que a la hora de represntar los combates es de mucha ayuda ver en dónde está parado cada quien, y aunque las piedras de pecera te saquen del apuro, es bastante interesante ver cómo los enemigos te cierran el paso que ni te puedes mover. Muy cierto que las minis de papel ayudan bastante pero honestamente (mi muy humilde opinión)….no es lo mismo.

    Claro está, la existencia de miniaturas y el dinero para adquirirlas serán siempre limitantes a la hora de querer armar la colección personal. Te comento que un servidor vive en México, y las miniaturas escasean si no es por alguna alma caritativa que tiene cuenta en eBay y te ayuda con alguna compra (que barata no saldrá). Mi colección apenas alcanza tres cifras, y la conforman miniaturas de Calabozos y Dragones (Dungeons & Dragons), Mage Knight y Heroclix. Si bien para jugar al rol tan sólo ocupo las primeras, las de Mage Knight me han ayudado con ese monstruo en particular que le arruinará la tarde a los aventureros (jejejejeje). Incluso mi esposa me obsequió una figura de Pathfinder la navidad pasada (adoro a esa mujer), con lo que agregué un Troll de la montaña al repertorio.

    Las minis de Heroclix son un gusto adquirido en mi afán por coleccionar miniaturas, y de hecho hay una larga lista de miniaturas pendientes por conseguir para la colección, siendo de mi interés Axis & Allies Miniatures (Eje y Aliados) y por qué no? incrementar los números de las mencionadas anteriormente.

    Te felicito por el blog, es bastante interesante y ya me ha dado ideas para el futuro. Que el rol perdure. Hasta pronto.

    • A mí me encanta llegar a una partida y poder desplegar un dungeon de Fat Dragon y poblarlo de miniaturas, aunque sean de papel. Como comentaba en la entrada, es parte de lo que me queda de niño, supongo. Las minis son una afición carísima y que no tiene fin, más si te dedicas a coleccionarlas, como veo que haces.

      Gracias por tu comentario y tus amables palabras. ¡Un saludo compañero!

      • Hola José, gracias por responder al comentario. Creo que mi afición a las minis tiene su origen en mi niñez, cuando siempre anhelé el coleccionar algo aunque no sabía a ciencia cierta qué. Y es que para serte honesto, esos pequeños objetos del deseo como acertadamente los llamas, han captado mi atención desde que juego D&D.

        Y tomé la decisión de coleccionarlas de manera formal, y no sólo como materiales asociados con el rol, debido a ése extraño gusto que he desarrollado por las miniaturas al punto que no pongo objeción si se trata de D&D (las consentidas, jejeje), Mage Knight, Heroclix o lo que logre encontrar en el camino. Me pregunto si en España hay tiendas donde se las pueda conseguir. Como sea, me gustaría compartirte algunas fotos de mi colección de miniaturas, aquí donde vivo aún no me he topado con alguien a quien también le aficionen.

        Gracias por la tención a los comentarios y sigue con el blog, es genial. Hasta pronto.

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