Purgandus fabularum: Repo men

Un momento, que me termino el café y te saco los higadillos

El futuro no es lo que era, amigos. Es verdaderamente interesante comprobar cómo nos hemos ido imaginando el porvenir a lo largo del pasado siglo y principios de este en todos los ámbitos, pero sobre todo en el cine y la literatura: a finales del diecinueve e inicios del veinte, viajes al espacio en balas disparadas por colosales cañones y aplicaciones militares alocadas (fortalezas voladoras, vehículos todoterreno); en los 50, cuando todavía creíamos en que seríamos mejores (inocenticos), estética al estilo de Los supersónicos, todo muy galáctico y plateados y dorados imposibles; en los 60 y 70, la new age nos trajo Star trek (jipis en pijama viajando por el espacio de súper buen rollo), contacto con alienígenas majetes y evolución hacia una humanidad abraza árboles. Entonces llegamos a los 80 y nos dimos cuenta que esto se iba al carajo. Y surgió el cyberpunk, claro.

La película a la que dedico la entrada, Repo men (de Repossession men, los encargados de embargar bienes cuyo crédito no ha sido satisfecho), recupera la estética deprimente y fatalista que tanto gustó en las últimas décadas del siglo veinte, y que tuvo su máximo exponente en films como Robocop, 1997: Rescate en Nueva York, Johnny Mnemonic y similares… es decir, el capitalismo y consumismo se hacen dueños y señores del mundo, impulsando la subida al poder de facto de megacompañías o corporaciones a las que (¡oh, sorpresa!) sólo les interesa la pasta y los beneficios. La tecnología ha avanzado una barbaridad, pero para cuatro gatos, y lo público ha desaparecido casi por completo o es residual.

Espera, espera, ¿no es lo que está pasando ahora mismito? Exactamente, chatos. Vivimos en el futuro que predijo el cyberpunk (saiberpán en castellano), y más ahora en la españa del todo lo público a 100. Supongo que esta es la razón por la que se dejaron de hacer pelis con temática de futuro distópico, y empezó a explotarse el filón apocalíptico (esperemos que en esto nos equivoquemos, por lo menos). Es una cuestión económica y no de censura, por supuesto… no penséis mal, desconfiadillos.

Volviendo a la cinta que ha propiciado esta perorata y que yo sepa no se ha estrenado en españa, la premisa básica es como la trágica situación de las hipotecas, pero elevando el nivel de chunguez un escalón: ya no solo te hace falta un banco para tener un techo, también para tener un corazón o un hígado. Y si no puedes pagar, pues te hacen un lanzamiento de lo más individualizado, mandando a un tipo que lo recupere. Sí, sí, podéis pensar que es descabellado, pero hace cinco años nadie se hubiera imaginado que la poli estaría desalojando a familias día sí y día también.

***** HERE BE SPOILERS *****

ESPÓILERS A GO-GO

Cambia al señor gordo por la chati protagonista, y tienes la escena final

Un comienzo tan prometedor, con imágenes de noticiario a lo Robocop con titulares de negrísimo humor, ciudades hipermasificadas, un mundo que se va por el retrete y escenas de descarnada violencia que son realmente una brutal crítica social dejan paso a un desarrollo predecible y aburrido. El personaje de Jude Law (al que, por cierto, ya se le ve el cartón una cosa bárbara, qué difícil es ser un sex-symbol), un ex-militar metido a cobrador del frac con bisturí, termina probando su propia medicina cuando recibe un corazón artificial que cuesta un riñón, muy en la línea de la burbuja inmobiliaria. Minuto veinte, y ya me han jodido un film que prometía.

Desde ese momento, se le quitan las ganas al muchacho de sajar al personal y se ve forzado a escapar, ya que no puede satisfacer las letras de su víscera. Cómo no, es su propio compañero el que termina yendo tras él, y cómo no, se topa con una bolli para que haya (como buena película de Hollywood) una mujer a la que salvar y proteger.

Hay algo que me molesta sobremanera del cine comercial, y es que me traten como si fuera tontito, que me tengan que indicar las partes de la historia o los puntos claves del guión para que no me pierda… hablo del final, que nos resaltan con luces de neón desde el minuto cinco: anuncios por todos lados y hasta una conversación casual entre los protas sobre el último producto de su compañía, la posibilidad de vivir una vida virtual en caso de quedarte gagá o atado a una cama. O sea, que vais a copiar Abre los ojos o el largo etcétera de films con final chocante y me lo decís al empezar el bodrio. Bravo, bravo.

Total, que todo discurre por los trillados senderos del género, con peleas a lo Matrix, filosofía de colección por fascículos e historia de amor ramplona hasta llegar a la escena más extraña y fuera de lugar que uno se pueda imaginar, más propia de Cronenberg que de este blockbuster: Law y su novia rajándose el uno al otro y leyendo el código de barras de sus órganos implantados para engañar al ordenador central de la compañía. Chacinería fina, colegas, una partida de Operando en plan pagano y sacrificial. Nunca mejor dicho, “meter mano a una pibita”. Delirante, perturbador y que no pega ni con cola. Por lo menos, y más acorde con el espíritu del cyberpunk, la peli tiene un acabar amargo cuando descubrimos sorprendidísimos (¡vaya, no me lo esperaba!) que el final feliz es producto de un programa de realidad virtual.

Ya en 1988 R Talsorian Games con el juego de rol Cyberpunk se subía al carro de un movimiento literario cuyo nombre fue acuñado pocos años antes por un tal Bruce Bethke como título a una historia corta homónima. Qué cosas, que todo el mundo piense erróneamente que todo el embolado fue idea de William Gibson con su magistral Neuromancer. Cyberpunk, el juego de rol, hasta llegó a españa, fíjate, en la temprana fecha de 1993 de la mano de M+D, y el para mí mezcla de churra y merina Shadowrun, de Diseños orbitales, le acompañó en el mismo año. Lo siento, prefiero un futuro sombrío estándar; lo de los elfos, enanos y demás pesadeces Tolkienanas al alimón con hackers y ciberimplantes no me pega ni con cola.

Veredicto: Por desgracia, la tendencia de la principal fábrica de cine mundial que es Hollywood (si me perdonan Bollywood, Japón o Corea del Sur) con respecto al cine de ciencia-ficción sigue siendo primar los efectos especiales e historias que se mantengan dentro de los clichés vetustos. Habrá que buscarse la vida en el mundillo independiente, porque producciones como estas me hacen añorar el cine de los 80. Vaya tela.

3 comentarios

  1. Una recomendacion, mejor ve la versión musical es muchísimo más oscura, chabolista, con un futuro asqueroso y una banda sonora flipante.

    Además la gran estrella es Guiless de Buffy, el cual tiene un bozarron de quitarse el sombrero.

    • Conocía de manera tangencial Repo! The genetic opera, pero no sabía hasta qué punto Repo men era una copia total.
      Gracias, tiene una pinta muy interesante, por supuesto que le echaré un vistazo.

  2. Parte de la misma premisa. Agente recuperador (pero en este es un ser terrorífico) pero se distancia en todos los aspectos y la protagonista es una chica que vive encerrada dentro de una mansión familiar debido a un padre sobreprotector.

    Un ejemplo de las canciones de la peli. Aquí te presentan al que casi es es el catalizador de los eventos de la historia y en parte narrador, el gravedigger.

    http://www.youtube.com/watch?v=Br87eV_9nGI

    Vale muchísimo la pena. La otra juraría que estaba basada en la novela de un director de cine.

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