Purgandus libri: El juego de Ender

Mi creador es mormón. Que lo sepas

Un niño dotado huye de su familia convocado por un misterioso personaje para ingresar en una escuela-internado donde es venerado por los que dirigen el cotarro como el elegido para combatir un mal que se abate sobre toda la humanidad. ¿Harry Potter? No, queridos amigos, Ender. Qué sensación más entrañable es esa de poder echar en cara a otros que son unos meros copiotas y que así cualquiera, ¿verdad? Además, con esta entrada cumplo otro pecaminoso placer, el de ser un maldito oportunista al hablar de esta novela antes de que salga la versión cinematográfica, a la cual le queda poquito para estrenarse (le ha costado, ya lo habían intentado por lo menos dos veces con anterioridad)

El pobre protagonista de esta novelilla (por extensión, no por calidad, aunque eso ya va en gustos), Ender Wiggin, se encuentra sin comerlo ni beberlo en una academia militar (sus padres prometieron entregárselo al gobierno por ser el tercer hijo en un mundo donde la natalidad está restringida a dos), donde (como diría Cospedal) le hacen continuamente cosas nazis para desarrollar por completo su potencial de generalote y dirigente de los ejércitos terrestres de “defensa”. Y vosotros, los de la generación EGB, os quejáis porque os daban un coscorrón de vez en cuando. Nenazas. Al pobre Ender, que tiene sólo seis añicos cuando la novela comienza, le obligan a estudiar sin parar día y noche, a enfrentarse a todos sus compañeros, a ganar en los simuladores y en una ingrávida habitación de batallitas, a pelearse en una escena sacada de cine carcelario con su peor enemigo (que es mayor que él), y a aguantar el rancho del comedor. Esta sí es la mili que Franco hubiera querido para nosotros.

Escrita en 1985 por Orson Scott Card (más sobre este fulano en un plis plas), se llevó todo lo gordo: los típicos premios de la ci-fi Estadounidenses y alguno que otro de fuera de allí. Card, seguramente no movido por la pasta que ganó si no porque lo tenía en mente desde el principio, escribió cuatro más que continuaban la saga (y que sinceramente me pregunto qué aportarán), adaptó la historia al cómic, vendió los derechos para la gran pantalla y no hizo un musical por los pelos, el amigo.

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Ropa interior mágica mormona que defiende contra la lascivia. Cumple su objetivo, por lo menos en mí

Aunque no voy a hablar del desenlace para no joder la marrana, hay un detalle curioso que me hace pensar que, definitivamente, o el general de turno no se la leyó hasta el final o no pilló la crítica de la historia: la novela está en el listado de lecturas recomendadas para los marines novatos. Jo-der. Seguramente que hace compañía a Starship troopers y The forever war en la sesuda recopilación de esos lumbreras… esta gente tiene la bomba nuclear, os recuerdo por si se os había olvidado.

Más detalles bonitos: Orson Scott Card revisó el libro tras la caída de la Unión Soviética, reescribiendo parte. No recuerdo nada similar, corregidme si me equivoco: un autor que rehace su obra, no con fines puramente estéticos. Y ahora viene lo mejor, lo que me recuerda que no es recomendable informarse de las vidas de los autores, puesto que te puedes llevar un pedazo de chasco y aborrecer para los restos su obra, como en este caso: Card es un devoto de la iglesia de Jesucristo de los santos de los últimos días, o sea, un mormón. Como mucha otra (demasiada) gente, se cree con el derecho (¿¡!?) a opinar sobre la homosexualidad y el matrimonio gay, como los sacerdotes supuestamente célibes que opinan sobre el sexo y la familia. Macho, tú sí que eres ciencia-ficción y no tus novelas. Ha aprovechado en repetidas ocasiones su fama (vale, no es Tom Cruise, pero seguro que le escuchan más que a mí) para despotricar sobre este y otros temas que nada tienen que ver con su ocupación, reafirmándome en mi imagen de este simpático colectivo dueño de un estado entero en la tierra de la libertad (económica) como un hatajo de rancios con su buen doble rasero. Wikipedia, te amo y te odio.

Pero… ¿merece la pena el libro? ¿Mejor esperarse a la peli, como hacíamos cuando nos mandaban un trabajo en literatura? Voy a realizar un esfuerzo titánico y recordar lo que pensaba antes de saber quién es el autor realmente: que esta obra es un alegato en contra de la militarización, una crítica de las soluciones armadas a cualquier conflicto, por desgracia tan comunes en nuestro pasado, presente y, para qué nos vamos a engañar, seguramente futuro. Eso sí, amigo mormón: no me leo un libro más tuyo. Ni en lo últimos días, colega. 

12 comentarios

  1. Si no continúas te perderás La voz de los muertos, que a mí me gustó más que esta primera novela. Aunque leyendo la entrada… pues no sé qué decirte XD Eso sí, a los otros dos (Ender el xenocida e Hijos de la mente) y sucesivos añadidos mejor no te acerques…

    El hombre es mormón, sí, pero yo siempre lo recordaré por estos dos libros y su artítulo en un periódico de su ciudad alabando Cowboy Bebop.

  2. Lo mejor que tiene Orson Scott Card es la creación de personajes. Sus tramas no son espectaculares ni sus ambientaciones son derroches de imaginación, pero si tiene talento a la hora de dar vida a sus personajes, y Ender es un buen ejemplo.

    En el tema personal entiendo que cause cierto rechazo, a mi tambien, pero la verdad que yo de estas cosas ya paso, el artista es el artista, si lo que hace me interesa lo leere, veré o escucharé.

    • Estoy de acuerdo, pero los escritores suelen decir que vierten gran parte de sí mismos y su experiencia en sus escritos y sus personajes. Al final lo mejor va a ser no informarse sobre sus vidas.

  3. Me parece repugnante que seres viles amparados en la libertad de expresión, publiquen y critiquen aquello que es sagrado para 15 millones de personas, o para 10 millones o para 5 millones de personas. Los que publican en internet deberían de tener la decencia de respetar las creencias de los demás, desde mi punto de vista, los que han publicado estas fotos ridiculizando a los mormones son unos criminales y pagarán algún día por su crimen. La ira de un Dios justo se derramará sin medida sobre ellos. No tengo la menor duda

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