Purgandus fabularum: Adventure time

No os habéis tomado un tripi, tranquilos

¿Os acordáis de aquel polémico kickstarter que montó Raggi para financiar su aventura del Free RPG day hace un par de meses? Sí, yo fui uno de los pringaos que participé, y ahora empiezan a llegar las aventuras que prometieron; por lo menos el enfant terrible de la old school cumple con sus fechas de entrega. Raggi, como seguramente ya sabéis a estas alturas del partido, se ha hecho especialista en sacar a los jugadores y a sus personajillos por extensión de las situaciones confortables, calentitas, arropadas y los clichés del género en los que suelen transitar la mayoría de las partidas de juegos de fantasía euromedieval, como dicen los Estadounidenses. Su retroclon particular y las aventuras que ha creado o auspiciado tienen lugar en mundos pesadillescos e inquietantes, y están repletas de monstruos desagradables, decisiones incómodas, y más casquería que en un episodio de Espartaco. Además, abundan los puzzles con su propia y retorcida lógica, y que a menudo son puritito metajuego (ya que para resolverlos tienes que pensar como jugador, y no como personaje)

El último que he leído ha sido Lamentations of the Gingerbread Princess, y aunque por supuesto agarra ciertos cuentos infantiles y los destripa horriblemente, a mí más que a folklore me ha parecido un episodio de Aventure time, pero más siniestro (por si la serie no lo fuera lo suficiente). ¿Que no conoces Adventure time (Hora de aventuras, en castellano)? Qué casualidad, pensaba hablar un poco sobre ella.

Esta serie demuestra que, hoy en día, los creadores piensan más en los sufridos progenitores que ven los dibujos con sus retoños que en los propios críos; y en este caso en particular, piensan más en los fans de D&D en su encarnación original, la más gonzo y que mezclaba sin pudor ciencia-ficción, surrealismo y fantasía-pastiche. Para que os vayáis haciendo una idea, atentos al elenco de personajes principales, por favor os lo pido:

Jake, un perro con poderes elásticos que habla (¡por supuesto!), hedonista y vividor, hermano y compañero de casa de…

Finn, un chaval humano (recalco lo de humano, ya que es el único que queda) que vive en una casa-árbol y cree que es un paladín.

La princesa de chicle (de un largo etcétera de princesas), nerd, inventora y gobernante del reino de caramelo (y sí, como podéis adivinar, sus súbditos son distintos tipos de dulces)

El rey de hielo, un viejo con poderes gélidos que se rodea de una camarilla de pingüinos y cuya única obsesión es casarse, cueste lo que cueste.

BMO, una Gameboy amiga de Finn y Jake, su proveedora de videojuegos y audiovisuales varios.

Marcelina, una adolescente vampira rockera (¿caben más cliches en un personaje?)

La dama Ranicorn, una unicornio voladora arco-iris que habla en Coreano, novia de Jake.

Buscad, buscad a Wally

Buscad, buscad a Wally
(Pinchad para ampliar)

Y si vamos con los secundarios, recurrentes o no, el nivel lisérgico se dispara: decenas de princesas (ninguna al uso, tranquilos), osos festeros, gatos asesinos, morlocks acuáticos, yuppies zombi, y un lich. Por si pensáis que los capítulos (que sólo duran 11 minutejos) son una sucesión de situaciones absurdas e infantiles, estáis en lo cierto… pero no totalmente. Los guiones son una virguería que hacen uso de flashbacks, historias paralelas, viajes en el tiempo, ironía, todo tipo de géneros, música de todo pelo, desarrollo de personajes… no en balde (este es un dato cierto, ojito) cada capítulo toma la friolera de ¡nueve meses! para producirse. Hostia, que hay películas actualmente que con el croma y cuatro actores/actrices guapitas se gastan millonadas y se las ventilan en medio año.

Y en medio del bosque; eso sí que es ser fiel al original… o no querer que te apedreen