Purgandus fabularum: Abraham Lincoln, cazador de vampiros

Existe una delgada línea que separa lo aceptable de lo ridículo; es una ley fundamental que rige todo lo humano y lo divino. Esta película la salta con una pértiga.

Ay, qué vergüencita... me voy a tapar el careto

Ay, qué vergüencita… me voy a tapar el careto

 

Una puntualización sí se merece: es de las pocas películas de acción/aventura de este año o el pasado que se basan en una idea o guión original (es decir, que no es un remake, no que el guión sea precisamente una locura de creatividad). Y he aquí el quid de la cuestión… ¿mezclar géneros no está un poco trillado? Mi bloguero hijo de la Gran Bretaña favorito (Noisms en Monsters & Manuals) tiene una entrada al respecto. Y aunque él defiende y demuestra que como mucho se pueden mezclar dos géneros o ambientaciones y que a partir de tres la cosa se pone malita, esta película demuestra que incluso un pastiche de dos puede ser una caquita. Si no, recordad la infumable y también irrisoria Cowboys & Aliens.

 

Otro que esconde el cuezo del puritito bochorno

Otro que esconde el cuezo del puritito bochorno

 

Eso sí, pocos títulos en la historia del cine son tan descriptivos: Abraham Lincoln, por avatares de la vida, descubre que hay vampiros y se dedica a exterminarlos. Ya está. Pa’ qué más. Pero tranquilos, no desesperéis, mis queridos freaks: que para darle emoción a la movida se sacan de la manga un mentor vampírico que enseña al bueno de Lincoln a ganarse la vida como talador de árboles o rebanador de pescuezos con hacha; escenas de “Norte y Sur” meets “The Matrix” o el videojuego “Soul Calibur”, elegid vosotros. Ver a un tipo con levita de faldones y sombrero de copa alto en slow-motion y repartiendo hachazos no funciona. Que no.

Que no.

Esto sí habría funcionado, sin embargo

Esto sí habría funcionado, sin embargo

 

Otra de las magnas escenas que nos regala los ojos este engendro es una persecución sobre una manada de caballos salvajes desbocados. Sí, sobre. Abraham y un vampirucho corriendo y pegándose galletas mientras saltan de caballo en caballo. Y encima, con malos efectos de ordeñador. El no va más.

Luego la peli deriva por caminos más aburridos y trillados: que si romance con una pavisosa, que si monto un negocio, que si prefiero dedicarme a la política en lugar de seguir descabezando chupasangres. Sí, sí, colegas: Abbey deja su carrerón de mata sanguijuelas para meterse a senador. Hostia, esto sí que es realismo social.

Está un poco trillado, pero no he podido evitarlo: "Vota a Cthulhu: ¿por qué elegir un mal menor?"

Está un poco trillado, pero no he podido evitarlo: “Vota a Cthulhu: ¿por qué elegir un mal menor?”

 

Pero lo peor de esta película no son sus efectos especiales o el tonto guión; si se hubiera quedado ahí, pues sería una serie B resultona.

No, no.

Encima nos meten doblado el rollito patriotero y buenrollista: Lincoln soltando discursitos sobre la abolición de la esclavitud (ojito, puesto que el presi tiene hasta un “sidekick” negro), ensalzando el sacrificio de sus compatriotas en la guerra civil por un bien mayor (básicamente, que los estados del norte se impusieran sobre los del sur por motivos económicos) y barritas y estrellitas a saco. Propaganda política republicana de primer orden, amiguitos. Puagh.

Veredicto: Como en la escena final, fuego a tutiplén para esta horrorosa cinta (¿siguen estando en formato cinta los filmes?). Hubiera sido más divertido y con más posibilidades un biopic fantástico sobre Bush junior… solo de imaginarlo, me explota la cabeza de ideas.

 

4 comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *