Purgandus libri: The forever war

Portada de la primera edición de 1974

Portada de la primera edición de 1974

Me declaro, sin ningún tipo de tapujos, antimilitarista. Soy perfectamente consciente de que nuestra afición utiliza frecuentemente la temática militar, en cualquiera de las miles de ambientaciones o de sistemas que pululan por ahí, y que de hecho el primer juego de rol surgió de uno de simulación de batallas. El combate suele ser el núcleo y parte importante de la mayoría de reglamentos, y raro es el que no hace alusión a grupos militares o habla directamente de ejércitos. Yo, de hecho, colecciono y juego con miniaturas de un juego de escaramuzas, aunque son de aspecto fantástico; nunca me ha atraído el rollo histórico, pero entiendo perfectamente el interés que puede despertar (he participado con mucha expectación en el crowdfunding de Domains at War, un sistema que promete poder usar cualquier tipo de ejército y cualquier escala para echarse unas batallitas).

Hay decenas de juegos que tocan temas duros, incómodos, de los que normalmente ni hablaríamos en el día a día: para eso está el rol, para explorar y catalizar aquello que afortunadamente consideramos inmoral o despreciable. Sin embargo, la cuestión armamentística no suele discutirse, o de manera muy marginal. Nos parece increíble lo destinado a la casa real o a obras públicas faraónicas e inútiles, pero no sé si se habla lo suficiente de lo que cuesta un tanque o un simpático helicóptero de combate. Joe Haldeman, el autor de Forever war, en castellano La guerra interminable, tiene el mérito de ser un escritor de ciencia-ficción Estadounidense que se atreve a criticar duramente la escalada sin fin de la industria militar en un país que ensalza y glorifica lo castrense, y que basa su poder en su fuerza militar.

Una página del cómic de Marvano basado en la obra de Haldeman

Una página del cómic de Marvano basado en la obra de Haldeman

Publicada por primera vez en 1974, ganó el premio Nébula, el Hugo y el Locus, aunque para mí esto es lo de menos; supongo que a una obra le viene de perlas para darse a conocer más allá de los estrechos círculos de fans del sci-fi. Cuenta esta novela la historia de un soldado que se enfrenta a través del tiempo y el espacio a una civilización extraterrestre, y cómo este conflicto altera inevitablemente su vida, la de sus amigos y familiares, y la de la misma humanidad. Al ser parte forzosa del ejército terráqueo, se ve arrastrado de un confín de la galaxia a otro, en viajes mediante naves que alcanzan velocidades próximas a la de la luz; de este modo, el paso del tiempo para el protagonista y sus amigos se ve totalmente distorsionado, y en las contadas ocasiones en las cuales regresan a la tierra lo que para ellos parece haber sido uno o dos años se traduce en décadas o incluso siglos para el resto de la humanidad. Fuera de lugar, desorientado, e incluso rechazado por la gente a la que se supone que tiene que defender, el protagonista comprueba en primera persona la sinrazón de la guerra, la inútil pérdida de miles de personas y extraterrestres, el sentirse como una marioneta en manos de desconocidos con oscuros objetivos.

The forever war me parece digna de interés no sólo por su acendrado mensaje antimilitarista, si no también por sus teorías antropológicas y transhumanistas. Haldeman no se detiene en el impacto de la guerra sobre una persona (aunque es quizá a lo que da más peso en el libro), y teoriza sobre a qué nos conduciría una confrontación armada prolongada frente a un enemigo tan tenaz, sistemático, e irracional como nosotros. El final me sorprendió y me recordó poderosamente a una novela que nada tiene que ver con ésta ni con su temática: Las partículas elementales, de Houellebecq. No voy a pisar más el libro, pero profetiza que o cambiamos como especie (ojo, no únicamente como cultura o civilización) o nos vamos al carajo.

Cómo no, la novela de Haldeman se vio inevitablemente comparada con Starship Troopers, de Heinlein. Dice la leyenda que muchos quisieron ver un enfrentamiento entre ambas obras, pero que el autor de la cual disecciono en esta entrada despejó cualquier tipo de dudas al admitirse seguidor de la carrera de Heinlein y felicitarle en persona en varias convenciones. Cierto es que Starship Troopers parece a todas luces un elogio del modo de vida castrense y de las supuestas hazañas de un grupo de soldaditos en sus guerras contra mil y un bichos alienígenas; este libro es también parte de la lista que el ejército de EE.UU. propone a sus muchachot@s como lectura sugerente para matar más y mejor. Sí, no es coña.

Algo es totalmente cierto: Joe Haldeman, un veterano de Vietnam, volvió de la guerra asqueado y con las ideas muy claras sobre lo que significa un conflicto armado y el militarismo, por desgracia predominante no sólo en su país y en la actualidad si no en casi todas las culturas humanas a lo largo de la historia. El autor escribió dos partes más de la historia (que no he leído, no soy muy amigo de segundas o terceras partes), y colaboró en la adaptación al mundo del cómic de su libro. Pero el detalle que ha hecho estremecerme y temer por la integridad del mensaje de Joe es que… ¡Ridley Scott quiere rodar una peli! ¡Noooo! Parece ser que compró los derechos para hacer un guión hace unos años, y que está en desarrollo. Ha dicho lindezas tales como que “va a usar las técnicas aprendidas en Avatar para dar vida a la novela de Haldeman”. Qué miedito. La máquina trituradora que es Hollywood seguramente machacará la idea original del autor y dará mayor protagonismo a las batallitas que aparecen en sus páginas, como si lo viera. Será un blockbuster mierdoso de protas guapetes y cachas, tiros y explosiones, y más propaganda militaroide. ¿A quién se le ocurre cederle tu novela a Scott, Joe? Menuda cagada.

Veredicto: Cuanto más viajo al pasado, más me sorprenden y gustan las novelas de fantasía o ciencia-ficción que encuentro. No quiero sonar retro, pero la mayoría de la buena ficción ya está escrita… y lo ha estado durante varias décadas. Muy, muy recomendable.

5 comentarios

  1. No se si lo has leido, pero si no te recomiendo leer Lagrimas de Luz, de Rafael Martín Trechera, tiene también una temática antimilitarista, con una Tierra unificada que lucha constantemente contra el restro del universo para apoderarse de los recurso de los planetas. El protagonista es un poeta militar cuya misión es la de ensalzar las acciones militares con sus poemas para potenciar los alistamientos y la moral de la población terraquea, duramente esclavizada por las corporaciones y sin otra escapatoria que la carrera militar. También me gustaron las novelas de Scalzi de las Fuerzas de Defensa Coloniales, donde se trata más o menos el mismo tema, como la Tierra prefiere tratar sus diferencias con otras razas a través de la guerra en vez de la diplomacia, y utiliza la propaganda para mantener a su población en la ignorancia.

    Un saludo y gran blog el tuyo ;D

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