Declaración de intenciones

– Me cago en la legalidad. Vivimos en mundo (humano) injusto, históricamente y en la actualidad. Las personas que dictaban y dictan las leyes son las mismas que las ejecutan y que se las pasan por el forro o las alteran cuando les conviene. Ya partiendo del hecho de que la tierra no debería ser de nadie, y que es el primero y mayor robo de la historia de la humanidad, todo el concepto de propiedad (más allá de lo que usas en el día a día y te permite vivir) únicamente ha causado infelicidad y violencia.

– El arte no es morirte de frío. Si el arte no es un fin en sí mismo (es decir, si pides pasta por él), lo siento muchísimo pero deja de ser arte. Si alguien te paga por hacer algo, ya sea cavar una zanja o pintar un cuadro de su feísimo esposo, el fin de la acción es ganar el puto dinero que te permite seguir en esta carrera de ratas. Nunca debimos de perder la independencia alimentaria o productiva, amigos.

– ¿Por qué lo llaman cultura, cuando quieren decir negocio? Me divierte enormemente que llamen cultura a una película financiada por terceros que meten la tijera cuando pueden o un churretoso disco de cuatro chavales milimétricamente diseñados en sus sosas letras, peinados e indumentarias. Y el espectro se puede ampliar. Volviendo al punto anterior, si tienes que pagar por la cultura, empecemos a llamarla de otra forma; la cultura que yo conozco es lo que nos hace humanos, no consumidores. La mayor parte de lo que se obtiene de gratis de forma compulsiva en internet cuando en realidad se pide dinero por ello es el producto del establishment, de las élites de este sistema consumista. Según ellos, por lo tanto, una persona pobre no puede tener acceso a la cultura, más allá de la marginal, o sobre la que ya no pesa los derechos de propiedad intelectual. Me cago en esa cultura, por lo tanto.

– No lo quiero ni regalado. No sé cómo se justifica cada uno a la hora de obtener películas, series, libros, cómics, música, o los planos de la estrella de la muerte en internet y sin pagar. Supongo que la mayoría lo hemos hecho o hacemos porque podemos, y ya; habrá otra gente que lo considere un acto Robinhoodesco, poner en manos de la gente lo que egoístamente se reserva a los pocos privilegiados que pueden pagarlo. Yo estoy harto de ser contradictorio. Esta desaforada acumulación es signo evidente de nuestros tiempos, en los que más es mejor, aunque no llegues a leer o jugar o escuchar todo ese material que almacenas en un búnker digital. Obtener esos productos es al fin y al cabo formar parte del sistema, quieras o no; aunque no pagues por ellos.

– Hay alternativas. Como se puede comprobar, internet ha permitido que miles de proyectos alternativos al injusto modelo capitalista-consumista se propaguen y puedan comerle terreno. Por ejemplo, los tan polémicos mecenazgos en masa, mal usados o no, suponen poder saltarse a un grandísimo intermediario: las editoriales. Miles de autores de juegos de rol han podido compartir sus obras sin necesitar de alguien al que le parezca bien o rentable la creación. Pero voy a ir más allá: las herramientas que usamos en el día a día conforman el mundo que vivimos, así que deberíamos ser exigentes con ellas y no apoyar compañías cuya ética deja bastante que desear. ¿Qué sentido tendría dejar de descargarme contenidos por el morro porque estoy harto de este sistema si luego uso google, que censura a diestro y siniestro y monopoliza allá donde puede?

Creative commons. Si de verdad creemos en el conocimiento humano como un bien común a la altura del aire, la tierra, o el agua, todos deberíamos usar la licencia creative commons.

DuckDuckGo. Sí hay buscadores más allá de google. Buscadores que no almacenan tus búsquedas, que no presentan los resultados según pagues más o te censuren tu página.

OpenStreetMap. Y si no uso el buscador mencionado, tampoco uso sus mapas, por muy detallados o buenos que sean.

FreeFoto. He utilizado alegremente fotos usando cierto buscador (de nuevo), sin plantearme muchas veces de dónde salían o quién las había tomado. No más.

Riseup. El correo electrónico cada vez se usa menos, pero yo, antiguo que soy, lo sigo usando mucho. El mío pertenece a un pequeño colectivo que defiende la libertad de expresión y el acceso para todo el mundo a las tecnologías. Y aunque piden un pequeño donativo de vez en cuando para mantener los servidores, es gratis.

Box. Me jode tener que instalarme un programa para compartir información. Me mosquea. Box permite lo mismo sin tener nada en tu ordenador. Es gratis, proporcionan 10GB y es tan intuitivo como un sistema de carpetas.

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